Hablar de turismo comunitario en Colangüil no significa pensar únicamente en visitantes, paisajes o nuevos emprendimientos. Significa, sobre todo, reflexionar sobre la historia reciente de un patrimonio arqueológico excepcional que durante décadas sufrió decisiones desacertadas, escasa planificación y una insuficiente participación de la comunidad local.
Mapa del Departamento de Iglesia
Hace más de treinta años comencé a investigar el patrimonio
arqueológico del norte de San Juan. Desde entonces recorrí sistemáticamente
Colangüil y Las Juntas, registré sitios, documenté petroglifos y geoglifos. También participé en
investigaciones y acciones de conservación y divulgación. Esa experiencia me permitió conocer
no solo el enorme valor científico y cultural de este territorio, sino también
los procesos que provocaron el deterioro y la pérdida de parte de ese
patrimonio.
Uno de los casos más emblemáticos fue el traslado de la denominada Piedra Negra, un gran bloque con petroglifos removido de su emplazamiento original. Su desplazamiento generó denuncias de vecinos e instituciones que se convirtió en una causa penal, motivó la intervención de la Defensoría del Pueblo y puso en evidencia la ausencia de criterios técnicos para intervenir sobre bienes arqueológicos de enorme fragilidad. La roca permaneció durante años fuera de su contexto original y, cuando finalmente fue reinstalada, volvió a sufrir daños derivados de un manejo inadecuado.
Fotografía de la Piedra Negra en su instalación original. En el año 1998 ya presentaba algunas inscripciones modernas de un particular.
Piedra Negra volqueteada por el que la sustrajo en el humedal de la vega
No fue un hecho aislado. Con anterioridad, la apertura de un camino hacia emprendimientos mineros produjo el desplazamiento de otros petroglifos, algunos de los cuales quedaron instalados en sectores anegados por la vega, alterando las condiciones que habían permitido su conservación durante siglos. A ello se suman pérdidas de piezas arqueológicas, intervenciones sin estudios previos y la permanente exposición de numerosos sitios a obras de infraestructura y acciones humanas no controladas.
Petroglifo trasladado a la vega donde es erosionada por la materia fecal de las aves y la humedad. Compleja escena de arreo.

Petroglifo en su instalación original escena de arreo.
Petroglifo en su disposición original (!))/) y actualmente exhibido en el Museo Prieto de Jáchal
Estos episodios demuestran que el mayor riesgo para el patrimonio no siempre proviene del paso del tiempo, sino de decisiones tomadas sin planificación, sin asesoramiento técnico y, sobre todo, sin la participación de quienes conocen y habitan el territorio.
Sin embargo, esta historia también deja una enseñanza.
Durante todos estos años fueron los propios vecinos quienes denunciaron daños,
acompañaron relevamientos, aportaron información y reclamaron la protección de
un patrimonio que consideran parte de su identidad. Esa participación
constituye hoy uno de los principales activos para construir un modelo
diferente.
En 2010 y sin la participación de los vecinos, funcionarios de Patrimonio de la Provincia, la UNSJ y la Municipalidad de Iglesia reinstalaron la piedra que estaba en el humedal 94 metros hacia el norte de su lugar original. Lo hicieron con instrumental inapropiado ya que hicieron lo mismo que el saqueador la arrastraron y volcaron generándole raspados.
fotografías del Diario de Cuyo de Abril de 2010
Es aquí donde el turismo comunitario adquiere un papel fundamental. Lejos de entender el patrimonio como un recurso para explotar, propone conservarlo, interpretarlo y compartirlo con quienes visitan la región. La comunidad deja de ocupar un lugar secundario para convertirse en protagonista de la planificación, de la gestión y de los beneficios económicos que genera la actividad turística.
En abril de 2010 desarrolle un taller sobre arte rupestre en el pueblo y se visitó con ellos el sitio de Las Juntas donde se pudieron apreciar los daños,
Las manchas más claras son los raspados y no tiene la inclinación suficiente
Los vecinos observan los daños y el acuñado con otras piedras menores
Colangüil posee condiciones excepcionales para desarrollar
este modelo. Su patrimonio arqueológico, el paisaje cordillerano, la tradición
ganadera, la gastronomía local, las antiguas rutas andinas y los conocimientos
transmitidos entre generaciones constituyen una oferta cultural difícil de
encontrar en otros destinos. Pero ese potencial solo podrá consolidarse si la
conservación ocupa el primer lugar.
Después de tantos años de investigación estoy convencida de que el patrimonio no se protege únicamente mediante leyes o declaraciones. Se protege cuando la comunidad lo hace propio, cuando los visitantes comprenden su significado y cuando las políticas públicas priorizan el conocimiento, la conservación y la participación antes que las soluciones improvisadas.
El verdadero desafío de Colangüil no consiste solamente en atraer turistas. Consiste en demostrar que es posible transformar una historia de desmanejo en un ejemplo de desarrollo basado en la identidad, la memoria y el compromiso de su comunidad. Allí reside la esencia del turismo comunitario y la mejor oportunidad para construir un futuro sostenible para este rincón de los Andes sanjuaninos.













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